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“The Beatles are coming!”, los inicios de la Beatlemanía


¿Qué fue lo que la detonó?, ¿por qué una banda de ingleses, sin diferencias claras musicalmente con lo que sucedía en la escena británica o americana, se volvía el referente de los jóvenes en los Estados Unidos y de ahí para el mundo?


La imagen, el corte de pelo, el buen porte de trajes untados negros y corbata delgada, ¿tenía que ver?, o las personalidades claramente marcadas de los miembros, donde destacaba la galanura de Paul McCartney, que se acercaba más a una cara infantil e inocente; La rebeldía de John Lennon, que desde entonces se podría notar en sus acciones que no era fácil de acceder, fácil de entender y no era fácil relacionarse con él o la rigidez de George Harrison, callado y pensante, al menos así se apreciaba; o el desparpajo de Ringo Starr –grandísima virtud- ya que musicalmente su estilo era tan obvio como el de cualquier baterista que supiera las técnicas básicas de las percusiones. Además el humor que practicaban era diferente al americano, el sarcasmo inglés no es muy gracioso, en realidad ninguno de los dos. El humor sajón es bobo, si lo vemos desde nuestra perspectiva. Eran simpáticos, pero no más.


Si Estados Unidos tenía a Elvis, ¿para qué buscar a otros?, y todavía añadirle la peculiaridad de no ser de su país, y además ¿por qué servirles de plataforma para el mundo? Son muchas preguntas y pocas respuestas. El mercado americano era muy cerrado, ya que su industria musical era muy prolífica y debía darle cauce a sus productos. Se pensaban, escribían, musicalizaban, producían, grababan, editaban, distribuían y vendían canciones como si salieran de una línea de producción, era al por mayor y con gran rapidez. Aunque el inicio de los años 60 marcó una época de considerable baja en la industria del disco en Estados Unidos a consecuencia de hechos aislados que se juntaron en el tiempo, empezando con la muerte de Buddy Holly, así como la ausencia de Elvis Presley para cumplir con su servicio militar, Chuck Berry y su encierro en la cárcel, la conversión de Little Richard y su actividad predicadora que lo alejaba del mundano ambiente de la música, Jerry Lee Lewis y su escandalo sentimental, y para rematar las investigaciones sobre la payola, cavaron un gran hueco y mermas en las ventas, por lo que entonces si había un pequeño resquicio.


Lo que los americanos buscaban eran figuras cercanas, sin complicaciones, sencillas, aunque no tan simples como Gene Vincent o Bobby Darin; las mujeres, deseaban alguien más rebelde, algo de picardía, pero no tan salvaje o rudo como Roger Daltrey o Mick Jagger –aun-, alguien que sus padres, después de argumentos de convencimiento, pudiesen aceptar. Y los radioescuchas querían rock and roll, con los esquemas básicos de Chuck Berry, pero con unos “blanquitos” que tuvieran el mood para interpretarlo.


Los jóvenes estadounidenses habían perdido un líder modelo con el asesinato de John F. Kennedy, sucedido el 22 de noviembre del 63 -a escasos 79 días de la invasión beatle- y la sociedad estaba aún triste, de luto pero dispuesta a llenar ese nicho a la brevedad y en la política no lo iban a encontrar. Estaban carentes de figuras, de imágenes icónicas, de héroes, de ídolos, de alguien a quien seguir.


Además, como lo mencione antes, la industria discográfica requería vender millones de copias, no podía parar ni esperar.


Una atinada acción de los músicos ingleses en cuestión, que seguramente no fue premeditada, fue aprovechar sus carencias, y una de ellas era un sonido propio. Su base provenía precisamente de músicos americanos como Carl Perkins, Chuck Berry, Elvis Presley, The Coasters y Buddy Holly entre otros, por lo que se beneficiaron de su influencia, y la otra fue estudiar la estructura melódica y lírica del pop americano para continuarlo. Usaban una fórmula que los compositores conocen como AABA, muy utilizada en Norteamérica y con resultados favorables, la cual consistía en estrofa-estrofa-estribillo-estrofa. Los primeros 4 discos de The Beatles tienen en su mayoría temas con esta estructura. Debido a lo anterior, había bases para entrar en ese mercado.



El aeropuerto John F. Kennedy, recién nombrado así, recibió el 7 de febrero de 1964 al vuelo 101 Boeing 707 de Pan Am procedente de Londres, donde entre los pasajeros venían The Beatles, así como Brian Epstein, Neil Aspinall, Mal Evans y un grupo de periodistas ingleses. El arribo traía ya una planeación de mercadotecnia a cuestas, desde que Epstein otorgó la supervisión de las regalías de merchandising en EU a Seltaeb, compañía a cargo de Nicky Byrne quien llegó a un acuerdo con las estaciones de radio WMCA y WINS, donde a cada fan que se presentara en el aeropuerto JFK se le daría un dólar y una playera de promoción de The Beatles. Capitol Records, su compañía editora, también trabajó con carteles y calcomanías para automóviles, con la leyenda «The Beatles are Coming», que se distribuyeron en Nueva York. La estación 1010 WINS, informó previamente al aire el número de vuelo y hora de llegada de la banda británica.



El 9 de febrero, The Beatles debutaron prácticamente en EU en el programa Ed Sullivan Show, una noche de domingo. En ese tiempo, la fuerza de la radio había sido sustituida por la televisión y el citado show era un programa de variedades donde la familia típica americana se reunía a ver con mucha frecuencia. Pero ese día, la frecuencia de espectadores se alteró. En el estudio 50 de la CBS había sólo 728 espectadores, pero por los transmisores de TV, la presentación fue vista por más de 73 millones de personas, hecho sin precedentes en la historia de la televisión y rating que solo grandes y contados eventos actuales llegan a convocar. Y todos -niños, jóvenes, adultos y ancianos- escucharon al mismo tiempo «All My Loving», «Til There Was You» y «She Loves You», temas que tenían poco tiempo de sonar en la radio de EU. Algo mágico pasó esa noche y les pasó a ellos, o ¿alguien se acuerda de Georgia Brown & Oliver Kidds, o del comediante Frank Gorshin, o de la cantante galesa Tessie O’Shea?, estuvieron en el mismo show y fueron vistos por la misma cantidad de telespectadores.



¿Y si The Kinks hubieran llegado a NY en el vuelo 101 del 7 de febrero del 64?, ¿si Manfred Mann se hubiera preocupado por elegir a un asesor de imagen?, ¿si The Herman´s Hermit hubieran cambiado su nombre artístico?, ¿si Ed Sullivan hubiera dado 4 programas consecutivos a The Dave Clark Five, o ¿si The Animals hubieran invertido más dinero en payola? No podemos contestar ninguna, como tampoco podemos referenciar la clave precisa que usó el cuarteto de Liverpool para lograr abrir las puertas del éxito en un solo golpe. “Es el talento” dirán los fanáticos, pero no encuentro mucha diferencia a lo que hacían al menos una decena de bandas más en la Gran Bretaña o en los Estados Unidos. Es lo que un momento puede decidir en la historia de un hombre, y en la de los demás. Si bien, su repuntada fama inicia aquí, The Beatles siguieron creando, observando y componiendo mensajes a modo de canciones para que permearan en la sociedad de ese entonces, pero ya era más fácil, las ideas penetraban con ligereza en la mente de sus fanáticos, lo que decían o hacían ya era lo que se tenía que decir o hacer, no había dudas ni conjeturas por las masas. En 1964, la primera semana de abril, los 5 primeros lugares de la lista de popularidad de Billboard les pertenecían a ellos. El proceso creativo seguía siendo innovador, las técnicas de grabación también, pero ahora era más sencillo arriesgarse, qué fácil es innovar cuando tu margen de error es mínimo, si así fuera normalmente, mucha gente lo haría, ya que el miedo al fracaso es lo que limita la vanguardia. Es decir, tenían en su mano la lámpara de los deseos, y no solo podían pedir tres, podían ser los que quisieran. En esta parte es donde los puristas intervendrán al decir que tenían mayor responsabilidad y que errar los podría destruir. Y es cierto, porque al final erraron como humanos, y se destruyeron como banda.



No pretendo discutir con ningún beatlemaniaco de cepa o de aquellos que defienden a ultranza lo aportado por los Fab Four, ni tampoco demeritar o hacer a un lado la presencia que el cuarteto dejó en el tercer cuarto de siglo pasado, que sigue siendo determinante hasta ahora, lo quieran o no los detractores quienes consideran que están sobrevalorados, simplemente es dejar abierta la pregunta, que es una duda legitima, ¿por qué ellos?

¿Una historia similar se repitió o se repetirá de nuevo? No. No se repitió con tal fuerza, pero aparecieron algunos casos de éxito efímero de bandas o solistas prefabricados, normalmente del género pop, o las “boyband” que surgieron en los 80 y 90, pero nada que hubiera perdurado más allá de la moda. Y en esta época donde la industria de la música está transformada -podría decir en coma, pero lo dejaré en transformada-, donde los medios de comunicación son otros, donde el acceso a la información es inmediato, donde la difusión es global, donde las estrategias de marketing son muy diferentes, donde la distribución es digital, donde de tener un billón de vistas en YouTube pasaras al olvido en seis meses, donde la sociedad de consumo tiene otras formas de satisfacción, fundamenta que esta historia no se volverá a repetir.


Aprovechar ese espacio, ese momento, esa coyuntura significó renovar la historia de la música, y por ende, reestructurarles la vida a cuatro ingleses de clase media, de estudios medios, de expectativa media. Hay un antes y un después, The Beatles no es cualquier banda, es simplemente la más influyente agrupación musical en los últimos 60 años y lo seguirá siendo. Seguramente, ese 9 de febrero del 64 cuando cenaron juntos después del show de TV, en el Playboy Club de la calle 59 de Manhattan, celebraban porque lo habían hecho muy bien. En realidad, aun no sabían lo que habían hecho.



- Gerardo Ortega. 2022


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